En lo que todos concuerdan es que lidera uno de los movimientos ciudadanos más vigorosos que se haya visto en el México contemporáneo, solo comparable, dice Lorenzo Meyer, con el alzamiento del EZLN, en 1994. Las impresiones siguientes nos ayudan a comprender los alcances de todo esto que se considera ya un fenómeno irreversible de acción ciudadana.
El «despertador de conciencias»
The New York Times, quizás el diario más influyente a nivel global, ha descrito a Sicilia como «la voz, por fin, de las víctimas de una guerra que lastima más a los ciudadanos que al crimen organizado», en tanto que la BBC lo considera «un señor sin adornos y sin máscara que se echó al hombro el dolor de un pueblo y a quien lo mueve su propia indignación».
Lorenzo Meyer opina que «juega hoy el mismo papel que Marcos jugó para el EZLN»y Carlos Fazio lo describe como «el despertador de conciencias».
En cuanto al Movimiento por la Paz que se ha forjado bajo su liderazgo, un reportaje en El País apunta que «su robustez proviene de su decisión y capacidad de dar voz a un hartazgo generalizado por una violencia criminal y gubernamental sin sentido».
En el mismo tono, Miguel Ángel Granados Chapa reconoce que el mayor mérito de Sicilia es «el tino poético y sociológico», y que su movimiento ha logrado «trascender la frialdad de las cifras para dar a conocer a cada una de las personas cuya vida ha sido segada en estos años de plomo canalla».
¿Un mesías?
No todo es coincidencia. El escritor tijuanense Heriberto Yépez, por ejemplo, considera que las exigencias del Movimiento por la Paz «son todavía abstractas y se han hecho —literalmente— sobre la marcha», en tanto que Sicilia «pasó de poeta cristiano a noticia de primera plana», con su «vieja figura evangelizadora».
Sin negar la legitimidad del Movimiento por la Paz, Yépez se dice sorprendido por el «aire mesiánico» de su líder, que «incluye vestimenta de pescador, gente hincándose a sus espaldas y besos tanto a dolientes como a ‘pecadores’». En resumen, añade, «Sicilia se cree Jesús».
Enrique Krauze concuerda plenamente, al apuntar que Sicilia «parecería empeñado en escribir, por su cuenta, con su vida y su ejemplo, el Libro de Job. Aquel personaje a quien Dios privó de sus hijos y volteó su ira contra Él».
Desobediencia civil, ¿la siguiente parada?
«El principal objetivo con el que nació el Movimiento ya se ha cumplido: sentar a la autoridad frente a millones de mexicanos para escuchar el testimonio directo de las víctimas de esta guerra», advierte el historiador Pietro Ameglio.
Y agrega que «en esta primera etapa, el Movimiento ha logrado hacer observable que la nación, en estos últimos 4 años, está atravesada por una guerra de 40 mil muertos y 10 mil desaparecidos».
Lo que sigue, advierte Carlos Fazio, es «una etapa más compleja, pues es probable que estemos en la frontera entre la cooperación con la autoridad y la no-cooperación y desobediencia civil».
Este último escenario, precisa el periodista, «puede resultar efímero y diluirse», por lo que «lo mejor sería dar seguimiento al diálogo y a la presión social en el Congreso, pues lo más difícil, que era lograr atención, ya se ha conseguido».
De lo andado…
Un rasgo que muestra la valía del Movimiento por la Paz y su líder son sus 12 iniciativas al Congreso, «no hechas de metralletas y balas, sino de sentido común», y que articuladas con la «propuesta al Estado mexicano en seguridad y justicia» que presentó el rector José Narro Robles, constituyen un documento de referencia que el poder político difícilmente podrá eludir sin pagar un alto costo de cara a la sociedad.
Entre esas iniciativas se incluye el Anteproyecto de creación del Auditor Especial de las Policías Federales, elaborado por nuestro Instituto, que decidió así navegar a través de este momento histórico en el mismo barco.
El diálogo con el Congreso, sin embargo, se ha dado entre «una confianza acotada» por parte del Movimiento, que consideró «una traición» el que la Cámara de Diputados aprobara en lo general la Ley de Seguridad Nacional [agosto 3, 2011].
Dicha Ley, critica el Movimiento, «privilegia la seguridad de instituciones del gobierno sobre la de seres humanos y crea un marco legal para continuar la estrategia bélica emprendida por el gobierno federal», por lo que propone «trabajar en una Ley de Seguridad Humana y Ciudadana que nos conduzca a la paz».
Otros líderes sociales, en cambio, opinan que la Ley de Seguridad Nacional, si bien «tiene muchas cosas que corregir», «debemos sacarla adelante» y «no quedarnos como siempre en cero», como advierte Alejandro Martí y cuya posición comparten María Elena Morera e Isabel Miranda de Wallace.
Esta última considera que la Ley, «más que abrirle las puertas al Ejército», «lo que está buscando es normar la función del Ejército, el Presidente, las policías y qué competencias tienen cada uno de ellos».
Y sobre posibles violaciones a los derechos humanos por parte del Ejército en labores de seguridad pública, Wallace dice que «tal como va esta ley, de verdad yo no veo que haya esa posibilidad».
En resumen, otro desafío para el Movimiento y su singular dirigente es encontrar puntos de confluencia con otros liderazgos, y si al final llegan juntos a definir un marco normativo y unas políticas de seguridad ciudadana que equilibren eficiencia institucional en el combate al crimen y pleno respeto a los derechos humanos, la sociedad mexicana habrá dado un histórico paso democratizador.