Antes de cumplir siete años de vida y contando con los servicios de no más de una veintena de mujeres y hombres profesionales, nuestro Instituto es un pequeñito que ha adquirido carta de ciudadanía en la tierra de los gigantes.
En 2008, Insyde apareció en el lugar 23 entre los mejores 25 Think Tanks de México y Canadá, luego de una evaluación mundial realizada por el Think Tanks and Civil Societies Program, de la Universidad de Pennsylvania. Un año después, vuelve a aparecer en el Top 25, pero ahora en el décimo quinto lugar. Nuestra organización escaló ocho posiciones entre los reportes de 2008 y 2009. Si vemos sólo a las instituciones mexicanas en el Top 25 de Think Tanks de 2009, es el sexto lugar, sólo debajo de Fundar Centro de Análisis e Investigación, AC, El Colegio de México, AC (COMEX), Centro de Estudios en Calidad de Vida y Desarrollo Social, Centro de Investigación para el Desarrollo, AC (CIDAC), y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Lo dicho, Insyde en tierra de gigantes.
Para el reporte de 2009 fueron evaluadas 6,300 organizaciones ─mil más que el año anterior─ y será presentado ante la ONU. En el capítulo inicial del reporte se lee que el Programa para el Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) identifica a los Think Tanks como los puentes entre el pensamiento y el poder. Me parece una definición afortunada y muy cercana a la misión de nuestro instituto. En efecto, trabajamos para informar, en clave democrática y de Derechos Humanos, las decisiones que desde el poder afectan a millones.
Además, el texto explica que los «tanques de pensamiento» ayudan a robustecer a la sociedad civil y, en sentido inverso, la presencia de una sociedad civil vigorosa fortalece la existencia de aquellos, creando así un círculo virtuoso. Otra vez, pareciera que están hablando directamente de nosotros. Todos los días hacemos todo a nuestro alcance para informar al poder público y empoderar a la sociedad civil. No exagero, lo hacemos diariamente y de mil maneras.
Lo que hace Insyde no tiene precedentes. Cada profesional que construye día a día al Instituto está, literalmente, abriendo brecha; por eso, porque la nuestra es una institución cuyo signo es la innovación sembrada por profesionales, justo por eso, desde nuestra pequeñez ya proyectamos una sombra del tamaño de los gigantes.
Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo