Robert Kenner ha hecho la gran «película de terror» de la década. Le bastó con investigar periodísticamente la cadena de producción de la industria alimentaria en Estados Unidos, resultando un documental donde pasamos de la incertidumbre por no saber qué estamos comiendo, a la certeza de la corrupción, las falacias y las atrocidades corporativas detrás de la comida rápida.
Sin teorías conspiratorias ni infundios, Kenner da cuenta del maltrato a los animales en las granjas y la expoliación a trabajadores mexicanos indocumentados, la manipulación genética y el monopolio sobre el maíz y la soya, orquestado por el poderío económico y legal de multinacionales como Monsanto, Cargill, Tyson y McDonald´s.
Más que una apología del vegetarianismo, este estupendo trabajo periodístico aterriza la investigación sobre el derecho fundamental de conocer el origen de nuestra comida y cómo en Estados Unidos algunos grupos comienzan la «batalla política por los alimentos».
Atendamos una de las frases del documental: «La industria alimenticia no quiere que sepas la verdad sobre lo que comes, porque si la supieras quizá ya no querrías comerlo».
Este trabajo le ha valido a Kenner la nominación en 2010 al Oscar en la categoría de Mejor Documental.
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