| « Hagamos que pare el baño de sangre mediático | Si hay una explosión nuclear, ¿me voy para mi pueblo? » |
Durante una charla con periodistas en Cuernavaca, el viernes, Gerardo Albarrán de Alba formuló esta idea que me atrajo: «Hasta el periodista más corrupto tiene un límite» —añadiendo que ser corrupto no es sólo recibir sobornos, sino que puede serlo quien ejerce un periodismo sin parámetros éticos.
Sucede que había estado pensando en cómo el martes Joaquín López-Dóriga informó sobre la aprobación en la Cámara de Diputados de la reforma a la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas.
Desde que presentó el avance, aunque con enorme ambigüedad, se vio lo que perseguía: «¡Tipifican anuncios en periódicos sobre trata sexual!». Más tarde, al dar la noticia, insistió en que dicha reforma se enfocaba en los periódicos.
El antecedente inmediato de esta historia se remonta a septiembre, cuando también López-Dóriga ofreció en su Noticiero de Televisa una serie de reportajes acerca de cómo anuncios de servicios sexuales plagan las páginas de diarios del Grupo Reforma —en el último round de la vieja riña entre ambos corporativos multimediáticos.
El martes no mencionó esos reportajes porque sabía que no tenía que hacerlo, que bastaba con repetir que los periódicos eran los destinatarios de dicha modificación legislativa y el televidente inferiría lo demás: el problema es que al tono insidioso de aquellos reportajes de septiembre se añadía ahora la mentira deliberada.
Era inverosímil que una reforma legislativa que proscribe la publicación de publicidad sobre prostitución se redujera a los diarios, omitiendo al resto de los medios, pero López-Dóriga tuvo la sangre fría de sostenerlo de cara a su audiencia —sometiéndose, por lo visto, al dictado de Televisa contra el Grupo Reforma.
Claramente, la reforma aprobada el martes por la Cámara de Diputados y enviada al Senado, que busca modificar los artículos 5 y 13 de Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, incluye «cualquier medio de comunicación».
Así puede leerlo usted hasta en esmas.com, el portal de Televisa, que cita esa parte del proyecto de decreto: «La persona que contrate publicidad por cualquier medio de comunicación, así como la persona que publique anuncios, que encuadren en alguna de las conductas del delito de trata de personas será sancionada conforme a lo dispuesto en el Artículo 6 de esta Ley».
Aparte de mentir con premeditación, López-Dóriga omitió otra arista de la doble moral con la cual navegan él y el corporativo multimediático al que sirve sumisamente: esmas móvil, división de contenidos chatarra para dispositivos móviles; TVyNovelas, revista quincenal de chismes de farándula, y en menor medida la franquicia Maxim —las tres de Televisa— refulgen en el mercado editorial de mujeres cosificadas.
Hace unas semanas cité aquí Los cinco sentidos del periodista, donde Riszard Kapuscinski afirma que en la profesión periodística «se perdió algo tan central como el orgullo de lo personal», pues hoy «en los grandes medios, una noticia es trabajada por decenas de personas también anónimas […] en la televisión y en las grandes cadenas multimedia […] esta responsabilidad personal ya no existe».
Pero bueno, tenía todo esto en la cabeza cuando el viernes escuché en Cuernavaca aquella idea de Albarrán de Alba sobre la corrupción del periodista y me pregunté entonces si sobrevendrá el glorioso día en el que veremos el límite de Joaquín López-Dóriga, claro, si lo tiene.
Tuit
Gracias a la Red Mexicana de Reporteros y el gobierno estatal, con Cencos, Artículo 19, Reporteros sin Fronteras y el Proyecto de Violencia y Medios (Insyde) organizamos en Morelos una mesa para crear el mecanismo de protección a periodistas. Ya les platicaré de los avances de esta gran iniciativa.
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