Un bonito regalo

27.12.10 | por [mail] | Categorías: Proyecto de Violencia y Medios

Escuche esta columna.

A través de los años, como periodista y activista por nuestra profesionalización, se me ha desarrollado un hábito malsano: esperar con avidez el momento en el que, al hablar del ejercicio periodístico respetuoso de los derechos ciudadanos y la legalidad, cualquier camarada reivindique con firmeza la convicción de que es imposible avanzar por esa ruta, basándose en el supuesto autorreferencial de que si en las noticias denigramos a los ciudadanos en conflicto con la ley penal es «porque eso es lo que la gente compra».

Digo «hábito malsano» porque, a veces, esa reivindicación me produce frustración, ansiedad y ánimo de derrota, aunque por el contrario me parece el momento óptimo para argumentar y tratar de mover a mis interlocutores escépticos.

Y digo «supuesto autorreferencial» en virtud de que quienes aseguran que emitimos noticias sobre el delito y la violencia provenientes de una sola fuente, baratas, superficiales, sensacionalistas, banalizantes y criminalizantes «porque eso es lo que la gente compra», no lo sustentan en estudios demoscópicos, sino en una idea fija mamada en las redacciones, adquirida por transmisión oral, generación tras generación.

Sostener que la «nota roja» existe hoy «porque eso es lo que la gente compra» puede ser cierto o no, dependiendo del contexto. Pero decirlo sin evidencia cuantitativa es menospreciar la inteligencia de los ciudadanos y negar el papel de apéndice del sistema judicial inquisitorio que ha tenido la prensa en México a través de la historia.

Y es también una manera cómoda de atribuir a la comunidad —porque con tal diversidad, por ejemplo, en la Ciudad de México, Tijuana, Tlapa de Comonfort o San Cristóbal de las Casas no está claro quién es «la gente» o si hay un solo tipo de gente— la carga de nuestra ignorancia e irresponsabilidad profesionales, y de nuestro irrespeto a los derechos de quienes protagonizan las noticias.

Ahora bien, toda la argumentación en contra de la «nota roja» vale un pepino si no pueden mostrarse ejemplos específicos de un ejercicio periodístico donde, respetando los derechos de víctimas, victimarios o imputados de delito, seamos capaces al mismo tiempo de ofrecer historias periodísticas interesantes, novedosas e intensas —todos ingredientes indispensables del buen periodismo.

Hace menos de dos meses el diario español El País publicó el caso, en Ciudad Real, de una mujer que permaneció encerrada durante año y medio, ignorándose hasta ese momento si por voluntad propia o bajo coacción. El periodista no usó un solo apodo ni denigró a nadie; no se puso de parte de ningún protagonista ni aportó datos que dañaran la privacidad de ella; no reveló la identidad ni los datos personales de nadie; no recurrió al estilo noticioso estridente ni ofreció hipótesis de sagaz reportero o digno moralista.

Sólo aportó todas las aristas posibles del asunto, dando voz a los implicados y poniendo el énfasis en el contexto y el drama mismo, entregándonos un reportaje clásico de una historia de cada día. La pieza es una lección que permite citar la parábola bíblica de «el que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que escuche». La entregamos aquí como regalo de año nuevo en esta liga, por si nos animamos a no reivindicar más la «nota roja».

Y quizá después de leerla algunos periodistas nos decidamos a iniciar 2011 con este mandamiento profesional básico: «No denigraré».

Páginas: << 1 ... 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 >>

Mayo 2013
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
 << <   > >>
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Acerca de mlk

Foto: Víctor Hugo Asencio

Soy reportero con treinta años de experiencia en periodismo policial y judicial, y activista por la profesionalización de mis colegas. Coordino el Proyecto de Violencia y Medios (Insyde) y soy consultor de Open Society Justice Initiative. [más]
Escríbeme a marcolara@insyde.org.mx

Síguenos en: Síguenos Síguenos