Calderón, Sicilia y el auditor policial

En el Alcázar del Castillo de Chapultepec y ante el presidente Felipe Calderón, Javier Sicilia propuso la creación del auditor policial independiente, como instrumento de rendición de cuentas a los ciudadanos por parte de la Policía Federal. Inspirado en las más avanzadas prácticas internacionales, el auditor independiente es una alternativa para ayudar a la transformación de esa institución. Su principal función es doble: verificar si el sistema interno de atención a quejas ciudadanas contra la policía funciona e identificar áreas de mejora en torno a los procesos y sistemas de trabajo del día a día. A diferencia de las comisiones de derechos humanos que investigan quejas contra policías sin «entrar» a la policía, el auditor va más allá y «entra» a la institución policial para revisar desde un procedimiento disciplinario hasta una política institucional que aparece detrás de problemas recurrentes en el desempeño o de necesidades no atendidas del servicio policial.

La figura tiene raíces históricas. Desde siempre, la policía moderna ha vivido en tensión entre el ejercicio y el control de sus delicados poderes, principalmente de uso de la fuerza. La concepción moderna de la policía nace en Inglaterra la primera mitad del siglo XIX. A casi dos siglos de distancia, es posible afirmar que en la mayor parte del mundo no se ha logrado resolver esa tensión de manera adecuada; sin embargo, los esfuerzos para lograrlo son cada vez más ambiciosos y sofisticados. En toda esta historia la cuestión ha sido quién y cómo se debe supervisar a la policía.

El primer mecanismo de supervisión de la policía recayó en las autoridades políticas; luego se crearon comisiones designadas por dichas autoridades, pero no fue suficiente dada la creciente corrupción policial, por ejemplo en Estados Unidos. Ya en el primer cuarto del siglo XX vino un salto cualitativo, al introducir a ciudadanos independientes en las comisiones de supervisión policial. Sin embargo, esos órganos colegiados no tenían poderes propios sobre la policía y no lograron evitar la expansión de la corrupción y la violencia policial que formaría parte de la crisis de los derechos civiles de los 60. El tiempo pasó y el problema siguió. En 1991 vino la paliza videograbada a manos de policías de Los Ángeles contra Rodney King, misma que condujo a una nueva etapa de experimentación para mejorar la supervisión sobre la policía. Los expertos se dieron cuenta de que esa paliza, como muchas otras, tenía patrones de comportamiento atrás. Se descubrió que no era un problema de personas nada más, sino de diseños institucionales que permitían la repetición de las malas conductas. Entonces nació un nuevo enfoque: la rendición de cuentas de la policía (police accountability). El objetivo ahora sería supervisar para crear mecanismos hacia el cambio de la cultura institucional y de los problemas sistémicos. Nacieron entonces varios modelos sofisticados de supervisión policial, el más ambicioso de los cuales es el auditor independiente de la policía.

Las buenas ideas deben cruzar las fronteras. Hay centenas de auditores o de mecanismos de supervisión externa que en otros países están ayudando no solo a controlar el ejercicio de los poderes policiales, sino a mejorar las condiciones de trabajo de la policía. Hay décadas de experiencia que avalan la propuesta. Javier Sicilia ha recogido la iniciativa de crear el auditor independiente de la policía porque en él se combina el conocimiento experto de los auditores y la presencia de ciudadanos independientes. Es una forma prometedora, duradera y profesional de irrupción social en esa institución que nunca debió alejarse e incluso confrontarse con la población a la que se debe. La oportunidad es aquí y ahora. Vamos hacia la creación del auditor independiente de la Policía Federal y luego hacia su multiplicación nacional. El apoyo amplio a la propuesta es indispensable.

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