Certificación policial ciudadana

Columna de Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, en El Universal, febrero 27, 2011

La crisis generalizada de la policía en México tiene que ver directamente con su distancia de la gente. Cuando la policía está sola funciona mal, cuando está acompañada por la gente funciona bien. Por ejemplo, si usted no sabe quién es responsable de vigilar la zona donde vive, las cosas van mal; si en cambio usted sabe quién está a cargo y tiene acceso a esa persona para pedirle explicaciones, para conocer lo que hace y cómo lo hace, entonces las cosas van bien. Si usted no tiene forma de participar en la evaluación del servicio policial que recibe o debe recibir, las cosas están mal; si por el contrario, su opinión cuenta para que la policía mida la calidad de su desempeño y resultados, entonces podremos decir que la situación es la correcta.

Lo mismo pasa si usted cuenta o no con la oportunidad de reconocer y agradecer a la policía por lo que hace. El más importante de los pendientes que tienen la mayor parte de las instituciones policiales es acercarse a la gente; nada, ni el mejor equipo y tecnología tiene el mismo potencial de éxito. Tengo evidencias para afirmar que nuestra policía no habla regularmente con la gente en general y con la sociedad civil organizada en particular, para juntos construir soluciones a la inseguridad (así lo confirmé con decenas de mandos policiales reunidos hace unos días en sesión escolar). Cuando esto cambie, seremos testigos de la multiplicación de proyectos exitosos de seguridad; en sentido inverso, mientras las instituciones policiales y la gente repitan la práctica de trazar una distancia recíproca, todos perderemos, excepto claro, quienes viven de la inseguridad. Buena parte del mundo ya lo entendió así; por eso, la denominada policía de proximidad es el esquema que más se viene extendiendo a lo largo del orbe.

Tender puentes entre la policía y la gente demanda cambios en la forma de pensar y actuar de ambas partes. En nuestro medio no parece fácil, porque en muchas ocasiones ello implica superar profundas brechas de desconfianza. Uno de los caminos para acercar a la policía y las comunidades es la certificación policial independiente. En la experiencia internacional se trata de un mecanismo de evaluación que aplican sobre la policía autoridades diversas a ésta o grupos de ciudadanos y que puede derivar en un reconocimiento formal expresado en la forma de un certificado. Los antecedentes de la certificación policial independiente se remontan a la década de los 70 en EU. El mecanismo se lleva a cabo mediante procedimientos especializados y en general es voluntario. Su fuerza reside en el potencial de mejora de las prácticas policiales y en la verificación transparente y pública de que la policía hace esfuerzos explícitos para hacer su trabajo de manera profesional.

En México está regulada la certificación que hace la autoridad sobre las y los miembros de la policía. Esa es la certificación oficial y tiene su fundamento en el artículo 21 de la Constitución, donde se establece que todos los miembros de los cuerpos de seguridad deberán estar certificados. Por su parte, la certificación policial independiente que ha comenzado a operar en nuestro medio también se fundamenta en el mismo artículo, donde se prevé la participación de la comunidad para evaluar a las instituciones de seguridad pública. La primera, por mandato de ley, evalúa si una persona puede o no fungir como policía. La segunda, por común acuerdo entre la policía y la sociedad, evalúa si una institución policial tiene o no los procedimientos mínimos necesarios en función de la experiencia internacional comúnmente aceptada.

En el diseño institucional típico de un Estado democrático de derecho la policía se autoevalúa y es evaluada desde el exterior de muchas formas. En México, ambos procesos están en etapa germinal. La certificación policial obligatoria de las personas nació en 2008 y hasta el 2010 en el norte del país se dieron los primeros dos casos de instituciones policiales preventivas estatales que decidieron buscar la certificación policial independiente de sus procedimientos, procesos ahora mismo en curso (les antecede una aplicación piloto sucedida en el 2009 en otra institución similar). Todos esperamos que los severos rezagos y deficiencias en la certificación oficial a nivel nacional sean gradualmente superados; al mismo tiempo, la certificación independiente debe tomar carta de ciudadanía. Se trata de una iniciativa técnica, no partidista, profesional y con enorme potencial para apoyar en la urgente reconciliación de nuestra policía con las comunidades a las que se debe.

 

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