«El 50% que Marcelo Ebrard no consiguió»

Artículo de Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, en El Universal, abril 14, 2011

Palabras de Marcelo Ebrard, entonces secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, en comparecencia ante la Asamblea Legislativa el 20 de marzo del 2002: «¿Qué policía queremos? Nosotros estamos pensando en un perfil de un policía de proximidad que tenga un grado de confianza mucho mayor de la ciudadanía, ya lo decía yo que esa es la gran meta, en el momento en que nosotros rebasemos, por ponerlo en números, el 50% del nivel de confianza de la ciudadanía, querrá decir en ese momento que la policía […] es más cercana al ciudadano»; (Gaceta 04 de la ALDF). No lo logró, ni como secretario ni como jefe de gobierno. En el 2010, ocho años después de su promesa, menos de tres de cada 10 ciudadanos expresaron satisfacción con la policía (Encuesta de Victimización y Eficacia Institucional del CIDE). ¿Qué pasó? ¿Por qué la confianza no creció, si Ebrard reconoció la importancia de la misma? Mi hipótesis es que en las autoridades de la capital, como entre la gran mayoría de los gobiernos del país, priva una confusión con respecto a la definición misma del trabajo policial. La confusión puede ser definida así: se cree que la policía puede hacer su trabajo, independientemente de que la gente confíe o no en ella. El asunto es exactamente el revés: sólo la policía que merece confianza mayoritaria puede hacer las cosas bien. Ebrard tuvo tiempo y falló precisamente porque no lo entendió así.

Veamos un contraste. Uno de los más exitosos procesos de reforma policial en curso se lleva a cabo en Irlanda del Norte. ¿Por qué es exitoso? Precisamente porque ahora ocho de cada 10 irlandeses confían en la policía, cuando hace 10 años sólo la minoría lo hacía. En el mundo democrático avanzado el indicador de la confianza está en el centro de toda la reforma: si hay confianza, hay policía exitosa; si no hay confianza ciudadana, se considera que la reforma policial está, en el mejor de los casos, inconclusa. En México, las rutinas políticas y operativas en torno a la policía no ponen la confianza ciudadana en el lugar número uno de la jerarquía de indicadores de éxito; lejos de ello, por todo el país hay responsables políticos (poderes ejecutivos) y mandos operativos que creen que están haciendo las cosas bien, independientemente de consideración alguna respecto al grado de confianza que merece la institución a su cargo. Por eso el jefe de gobierno puede concluir que da resultados en materia de seguridad aunque no haya logrado su 50 por ciento. La confianza ciudadana hacia la policía es nada menos que la herramienta más poderosa para el trabajo policial. Es de conocimiento explorado que cuando se logran altas tasas de resolución de crímenes es porque la policía recibe buena información de la gente, información que fluye cuando hay confianza y se interrumpe cuando no. Algunos expertos afirman que siete de cada 10 crímenes resueltos en Estados Unidos dependieron de información proveniente del público.

En la Ciudad de México sigo haciendo el mismo ejercicio desde hace dos décadas: le pregunto a la gente si tiene confianza o no en la policía. La respuesta mayoritaria no ha cambiado: lejos de hablar de confianza, los más expresan sentir temor hacia la policía misma. Al mismo tiempo, veo a los mandos policiales de la capital contándose la historia de que están haciendo lo mejor posible. No dudo que muchos lo hacen, como bien sé que otros no. El problema es que, lo intenten o no, persiste la fractura del vínculo con el destinatario del servicio. No imagino a los mandos sentados frente a una pantalla analizando los índices de confianza y los motivos detrás de los mismos; en cambio, los imagino mirando los índices del delito. Siguen confundidos, tienen al revés sus prioridades. Ebrard dijo que la confianza era importante, pero no pudo o no quiso impulsar la transformación real para lograrla. De otro modo, sin duda habría logrado en todos estos años al menos su 50 por ciento. Apenas hace unas semanas uno de los más altos mandos me dijo que van muy bien y jamás me habló de la confianza de la gente. Ebrard tuvo tiempo para activar el cambio y no lo hizo. ¿No pudo o no quiso?

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