La oportunidad de Salvador Beltrán del Río

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Columna de Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, en El Universal, mayo 1, 2011

El viernes 29 de abril los diputados federales aprobaron la minuta de la Ley de Migración enviada por el Senado. Además, en comisiones pasaron la reforma que crea la policía fronteriza, cambio que seguramente avanzará sin tropiezos. La primera es una noticia positiva e importante, la segunda puede o no serlo. En ambos casos, Salvador Beltrán del Río, Comisionado del Instituto Nacional de Migración (Inami), tiene la oportunidad de sentar un verdadero precedente en la política migratoria y en el trato a los migrantes en México.

Veo dos posibles escenarios: las nuevas normas impulsan una nueva perspectiva del fenómeno migratorio, en clave de derechos humanos y desarrollo o, por el contrario, las reformas son puestas al margen y domina el encierro del tema en el sector de la seguridad, profundizándose aún más la etiqueta de la migración como un problema de seguridad nacional. El escenario deseable es desde luego el primero, donde el Estado mexicano y la sociedad civil desarrollan la capacidad de avanzar hacia un nuevo esquema de atención integral y coherente a la migración, atendiendo al menos las variables social, económica, laboral, cultural, educativa, de salud y por supuesto de la seguridad. El escenario no deseable es la continuidad, caracterizada por la cesión creciente del tema migratorio al aparato de seguridad civil y militar. El reto, pues, es mover el timón hacia el equilibrio, ordenado por un trato a los migrantes basado en una lectura amplia de derechos humanos, exactamente igual a la que exigimos para los migrantes mexicanos en Estados Unidos. El desafío es aprender a dar a los migrantes en México el trato que pedimos para los migrantes mexicanos en el extranjero.

La promulgación de la nueva Ley de Migración crea una atmósfera política que puede dar paso a un diálogo constructivo entre el gobierno federal, los gobiernos estatales, las comisiones de derechos humanos, las organizaciones de la sociedad civil ocupadas en proteger y promover los derechos humanos de los migrantes y todo actor independiente interesado. Sin embargo, no hay tiempo que perder. Beltrán del Río está en posición de funcionar como eje de un trabajo incluyente en la reglamentación de la ley; por ahí se puede consolidar una plataforma de diseño institucional y programático que reoriente al Inami hacia un esquema de gestión de calidad y de rendición de cuentas y transparencia coherente con la ley aprobada. Este espacio de trabajo puede incluso ser la correa por donde se canalicen nuevos acuerdos hacia la progresiva regulación de aspectos relevantes que no entraron a la ley.

Identifico un riesgo mayor: la policía fronteriza puede funcionar exactamente en sentido opuesto a las aspiraciones cristalizadas en la ley. Ya lo sabemos, las policías en México padecen problemas crónicos de debilidad institucional y son en general penetradas e incluso secuestradas por intereses criminales. El problema de nuestras policías es tan grave que el Grupo de Trabajo Sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU, luego de su visita a México en marzo del 2011, informó que «no recibió ninguna información relacionada con la existencia e implementación de mecanismo de transparencia y rendición de cuentas de la policía». Beltrán del Río debe entenderlo bien: mal diseñada, planeada y operada, esa policía puede dar al traste con la ley y todos sus esfuerzos. Lo contrario es cierto también, el diseño de la policía fronteriza sobre estándares internacionales y buenas prácticas puede funcionar incluso como divisa del cambio. Las presiones sobre esa institución policial, como las que han padecido los agentes migratorios, serán brutales y sólo empeorarán, dado el embate de la delincuencia organizada contra la población migrante. Puede suceder que la Policía Federal absorba el diseño y control de la Policía Migratoria, si es el caso, las contradicciones entre la Secretaría de Seguridad Pública federal y el INAMI no esperarán ni un segundo. Si la Policía Migratoria reproduce el perfil de la Policía Federal, no habrá espacio para reconstruir la relación entre la función policial federal y los migrantes. Oportunidades y retos pronunciados a más no poder para el Comisionado.