Los candidatos juegan con fuego

Hasta ahora, los candidatos a la presidencia han propuesto enfrentar la inseguridad y la violencia haciendo lo mismo, pero destinando mayores recursos o bien reorganizando a las instituciones existentes. La noticia es preocupante y ominosa. No hay ideas nuevas y las propuestas lanzadas caen en la expansión de las capacidades policiales operativas o en la conocida tendencia a modificar las estructuras, esperando que con ello cambien los resultados. Les falta mucho más trabajo a los candidatos para entender el problema en el que estamos y la dimensión del cambio que necesitamos.

La inseguridad y la violencia se construyen y reproducen desde dinámicas sociales e institucionales complejas. Los candidatos no producen discurso alguno que se acerque a una caracterización, así sea básica, de dicha complejidad. No utilizan referencia alguna de marcos teóricos de comprensión y tampoco recogen métodos concretos diseñados para interpretar y modificar estos fenómenos. No posicionan diagnósticos serios de lo que le ha pasado a este país en los frentes social e institucional. Se están aproximando a ciegas hacia estos temas o, peor aún, están engañando a la gente cuando afirman saber que resolverán la inseguridad y la violencia poniendo más dinero, contratando más policías o invirtiendo en más desarrollo social, sin argumentos convincentes de causa-efecto. Apenas es posible creer que a menos de tres meses de las elecciones no haya una sola plataforma sólida, moderna, amplia e integral. En medio de esta catástrofe donde se castigan dos de cada 10 homicidios en promedio nacional, los competidores por la titularidad del Ejecutivo federal ni siquiera mencionan las decenas de diagnósticos producidos por la academia y la sociedad civil. Ante las propuestas emanadas de esos sectores, se refugian en la complacencia general que compromete a todo y a nada. O lanzan los grandes compromisos que este país ha escuchado al menos en toda su historia independiente, como el saneamiento de la policía.

¿Qué parte de la catástrofe social e institucional no entienden los candidatos? ¿Qué les falta para apreciar este México institucionalmente fracturado, políticamente sumido en una derrota moral y socialmente ahogado en la desconfianza? Ya adivino las recomendaciones de los asesores de marketing electoral, aduciendo que a nadie le importan las propuestas específicas. Solo pensar que en efecto los candidatos creen que la aduana de las elecciones no demanda un pensamiento concreto me provoca pánico. Una de las muestras más contundentes de la banalidad electoral es la ausencia de posición alguna que enfrente el reto de la seguridad desde el ángulo del pacto federal. Es de conocimiento explorado a nivel internacional que la seguridad se construye desde lo local, en nuestro caso eso quiere decir desde el municipio. Los candidatos sortean el tema como el mejor torero evadiendo la embestida, escondiéndose en la propuesta de mando policial único estatal sin decir algo respecto a la estructura institucional necesaria en los municipios para trabajar con la gente en la construcción de comunidades seguras y no violentas. Deberían pensar en cómo hacer del pacto federal un terreno de oportunidades para construir la seguridad desde abajo y desde arriba. Otro vacío inconcebible iguala las ideas a cero en lo que hace a la crónica debilidad de la gestión institucional. Sin evidencias de estas aproximaciones complejas y urgentes transita la campaña.

Ninguno de los candidatos representa hasta ahora una verdadera ruptura con el paradigma dominante y disfuncional de la seguridad en México. Ninguno se atreve a comprometerse con una auténtica transición a otro paradigma. Ninguno recoge la verdadera narrativa de la catástrofe, hace suyo el dolor, el miedo y la desconfianza de millones y al menos busca encabezar la indignación y construir esperanza. Sin el qué y el cómo distinto y preciso en materia de inseguridad y violencia, los candidatos a la presidencia están jugando con fuego.

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