Mando único policial y municipio

“Actualmente, la exigencia de acciones orientadas por las evidencias y la formulación de políticas, es muy elevada. Se necesita información puntual y útil para responder a las necesidades de seguridad de las comunidades en todo el mundo, y especialmente en lugares tan diversos y complejos como lo son las ciudades modernas”. Con estas palabras inicia la presentación de la Encuesta Global del Centro Internacional para la Prevención de la Criminalidad de 2011, incluida en el Informe Internacional Prevención de la Criminalidad y Seguridad Ciudadana, del mismo centro.  La encuesta es “la primera base de datos sobre la seguridad en las ciudades de todo el mundo”. Es el primer intento con este formato y cobertura “por reunir información acerca del papel y la acción de las autoridades locales en materia de prevención de la criminalidad y la seguridad ciudadana”. El estudio no es representativo de la totalidad de las ciudades, pero se presenta como portador de “información vital acerca de las tendencias y perspectivas de la prevención de la criminalidad”.

Habrá muchos temas para discutir y sendas lecciones de donde aprender derivadas de la encuesta. Por ahora, me concentro en lo que interpreto como el supuesto general del estudio y que al mismo tiempo funciona como su principal enseñanza.  Desde el 2008 existe más población urbana que rural en el mundo. Las políticas públicas en cualquier sector reconocen la urbanización como punto de partida para su diseño, implementación y evaluación. La prevención del delito y la seguridad ciudadana no pueden hacerlo de otra manera. En las ciudades se construyen los problemas fundamentales de inseguridad y violencia, en ellas deben resolverse y tal es el supuesto al que hice referencia. Se ha repetido hasta el hartazgo: la seguridad  se construye desde lo local y toda intervención supra local, es decir, a cargo de una autoridad distinta a la más cercana a la gente, es subsidiaria.  El enfoque estratégico es claro y contundente: la inversión principal debe ir a la construcción de capacidades institucionales y sociales focalizadas en términos políticos y sociodemográficos. En términos más simples, se trabaja de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. Para el caso de México, entendemos que la focalización debe ser en la esfera municipal y en ese contexto bajar hasta el ámbito comunitario.

En la Encuesta Global “participaron significativamente 34 países”. El 88% por ciento de los encuestados refiere que los municipios están a cargo de los programas de seguridad pública.  El informe del Centro Internacional para la Prevención del Crimen considera esto “un avance importante [que] debe ser fortalecido, asegurando que tengan la suficiente capacidad para hacer frente a las amenazas de la criminalidad, esto es especialmente cierto cuando los gobiernos locales se enfrentan a amenazas importantes como, por ejemplo, el crimen organizado”. La encuesta hace notar que los gobiernos nacionales o federales y provinciales o estatales desde luego participan también en la construcción de la seguridad. La investigación no solo confirma el protagonismo municipal, sino además refiere que el presupuesto del propio municipio es casi en el 70% de los casos la principal fuente de financiación de la seguridad. Esta es la tendencia mundial y la evidencia empírica lo confirma.

En su estrategia de seguridad Felipe Calderón jamás creyó en el municipio y construyó una propuesta de mando único estatal justamente para quitar a los gobiernos municipales toda conducción policial. Cegado por la obsesión de centralizar la estrategia en el ámbito Federal y por la obsesión de centralizar a la policía en la estrategia, quizá ni siquiera reparó en el hecho de postularse en contra de la tendencia mundial por fortalecer la seguridad primero en el plano local. Ninguno de quienes han defendido la propuesta de mando único, representante por igual del Presidente saliente y del entrante, se ha hecho responsable de esta consecuencia.

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