ONU en auxilio de México

La noticia sobre la imposibilidad de cumplir el plazo legal de la certificación policial es la más importante oportunidad reciente para repensar a fondo qué hacer con la policía en México. La noticia es un síntoma, no es el problema en sí mismo. El fondo del asunto es que, tal cual están, nuestras instituciones policiales no resisten ni resistirán una evaluación rigurosa que mida la confiabilidad o las capacidades técnicas de quienes las integran. La certificación fue mal diseñada porque no ponderó su viabilidad en función de las condiciones reales del sujeto a evaluar.

Se diseño una prueba sobre estándares que nada tienen que ver con el policía promedio del país. Y la pregunta no es si debemos evaluar a las 400 mil policías, desde luego debemos hacerlo, la pregunta es cómo evaluarlos y para qué. Para responder esto, necesitamos dejar de evadir los pasos previos para en la verdadera transformación de la policía en México, es decir, debemos comenzar por construir un modelo policial fundado en el paradigma de la seguridad ciudadana y orientado por una doctrina democrática propia, misma que incluya una definición política que garantice la imparcialidad policial con respecto a los intereses de partido y electorales; una vez diseñada la doctrina  que funda los principios de la función policial, sigue trazar el modelo institucional específico que puede hacer posible el respeto a tales principios. Lo que hoy tenemos es la antítesis de lo anterior, nuestras policías no son guiadas por doctrina y principios democráticos y las capacidades institucionales y personales responden a inercias de orígenes decimonónicos.

Con doctrina, principios y modelo institucional listos, debemos  diseñar un plan nacional de reforma policial, a su vez soportado en un acuerdo de Estado. Se trata de responder qué policía queremos y cómo la vamos a construir. Sin esas respuestas formalizadas en un pacto de Estado, México está condenado, en el mejor de los casos, a construir capacidades desiguales, efímeras y parciales en la policía, y en el peor, a ceder progresivamente a las Fuerzas Armadas el control íntegro del sector de la seguridad.

Hace más de 10 años publiqué un texto donde propuse un plan de asistencia internacional para la reforma policial en México. En aquel entonces lo veía importante, hoy lo veo urgente y crítico. Actualizo mi propuesta e incluyo un componente adicional:

a) México debe acordar con la ONU un ambicioso mecanismo de asistencia multinacional que nos ayude a pasar por todo el proceso de refundación policial, colaborando en el diseño y la implementación del cambio. No imagino menos de dos décadas para la verdadera reinvención que hace falta.

b) es necesario acordar con Naciones Unidas el despliegue temporal de los Cascos Azules en las zonas más violentas del país para efectos de contención, tal como lo propuso Johan Galtung en su más reciente visita a México. Galtung, quien es quizá el más prestigiado experto en materia de estudios y mediación para la paz, afirma: “Hay ideas para México que hoy pueden ser controvertidas, pero mañana vitales”.

Nuestro régimen político está creando un efecto de suma cero en muchos temas, uno de ellos es el policial. No tenemos las policías que necesitamos ni siquiera para la contención mínima de la violencia y no por otra cosa la delincuencia organizada avanza en un despliegue de fuerza hacia todo el territorio nacional. Varios países de Europa del Este arribaron al cambio democrático sin capacidades para reformar a sus policías; por ello pidieron la asistencia de Europa Central para su reforma policial y en algunos casos han avanzado mucho más que nosotros. Irlanda del Norte, país que en 10 años llevó de 20 a 80% la confianza social hacia la policía, puso al frente de la implementación de la reforma a un experto extranjero. México va a la deriva en materia de inseguridad, criminalidad y violencia. Es tiempo de las ideas nuevas para los viejos problemas; de las ideas hoy controvertidas y mañana vitales.

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