¿Por qué falló la estrategia de seguridad de FCH?

No discuto la voluntad ni los motivos del presidente Felipe Calderón detrás de su denominada estrategia de seguridad. Discuto sus métodos y resultados. Tampoco discuto el hecho de que miles de representantes de los aparatos de seguridad pública, de justicia penal y militar se juegan el pellejo todos los días tratando de proteger a los ciudadanos y de hacer cumplir la ley, muchas veces sin las garantías más elementales de protección. Esto lo testifico todos los días y no por otra cosa mantengo un compromiso público, entre otras causas, en favor de reconocer constitucional y legalmente y hacer valer los derechos humanos de las y los policías.

Advertido lo anterior, expongo mis conclusiones sobre las fallas fundamentales del presidente saliente:

1) Erró en el diagnóstico de la inseguridad y la violencia, omitiendo hacer mediciones complejas y multidisciplinarias de los fenómenos asociados a ellas, y creando así una frontera artificial con respecto a las condiciones sociales en las que emergen.

2) Erró en el diagnóstico de las capacidades y culturas institucionales instaladas en los aparatos de seguridad pública, de justicia penal y militar, sobrevalorando su potencia y subvalorando sus debilidades.

3) Condujo un gabinete de seguridad fragmentado y confrontado que dispersó los recursos, reprodujo el conflicto interinstitucional e impidió la coherencia de una política integral.

4) Antepuso el desarrollo de capacidades policiales operativas sobre la consolidación de la reforma penal, creando con ello un desbalance que por un lado impidió sujetar a la Policía Federal a los nuevos estándares del proceso penal y, por el otro, fracturó las posibilidades de unificar los criterios policiales y ministerial para la construcción de casos.

5) Desplegó una operación militar masiva contra la delincuencia organizada sin calcular los potenciales impactos negativos a corto, mediano y largo plazos entre la sociedad y en el interior de las Fuerzas Armadas.

6) Subvaloró el conflicto histórico de la policía, el sistema de justicia penal y las Fuerzas Armadas con los derechos humanos y lo multiplicó gracias a un incremento sostenido en el despliegue operativo, mismo que no fue acompañado por políticas e instrumentos de control del uso de la fuerza y las armas.

7) Desde una lectura que calificó a los gobiernos estatales y municipales como incapaces de aportar soluciones propias, impulsó una relación asimétrica en favor de la Secretaría de Seguridad Pública federal, haciendo imposible la consolidación de auténticos y eficaces mecanismos de coordinación de alcance nacional.

8) Luego de calificar al municipio como una esfera de problemas y no de soluciones, hizo caso omiso de la quizá más conocida y aceptada lección internacional en la materia: la seguridad es un problema local que se resuelve localmente y con el apoyo subsidiario de las esferas de gobierno de mayor jerarquía.

9) Confundió prevención con disuasión y así descreyó de la tendencia internacional a favorecer la prevención integral del delito, basada en la participación ciudadana y acompañada de perfiles institucionales de la policía centrados en la construcción de la confianza y el apoyo social.

10) Renunció al aprendizaje de su propia experiencia, traduciendo las evidencias acumuladas del fracaso en palancas de cerrazón ante la crítica y negación de la autocrítica.

La lectura de la inseguridad y la violencia fue pobre al inicio y lo es al final de la administración de Calderón. No conozco documento oficial alguno de su gobierno que haya intentado profundizar en la complejidad de la inseguridad y la violencia, como tampoco sé de medición empírica alguna con respecto a la distancia entre las normas y las prácticas del aparato policial, ministerial y militar federal. Con todo, Calderón niega su propio fallo con una consistencia implacable y voltea la mirada ante la masificación de las víctimas del delito y de la violación a los derechos humanos.Desolador.

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