¿Presidenciables sin alternativas para la seguridad?

No sé qué aterra más, la actual crisis de inseguridad, crimen y violencia o comprobar que la y los candidatos a la Presidencia de la República no tienen propuestas serias para enfrentarla y resolverla.

Repiten lugares comunes, insisten en lo que no ha funcionado o incluso evaden compromiso concreto alguno. Parten de premisas más o menos conocidas por todos como la debilidad institucional, la multiplicación de factores de riesgo derivada de la falta de oportunidades educativas y laborales o la depredación creciente de la delincuencia organizada sobre sectores públicos y privados, para luego no concretar siquiera asomos de iniciativas nuevas.

Ninguno muestra miradas complejas a problemas por definición complejos. Tampoco incluyen una perspectiva inspirada en las lecciones aprendidas dentro y fuera de nuestras fronteras. Ni una sola mención hacen de políticas públicas concretas exitosas o prometedoras, de informes relevantes que circulan por el mundo, de foros prestigiados desde donde aprende el concierto internacional, de métodos experimentales, de nuevos estándares de gestión pública o de prácticas sociales participativas innovadoras.

Peor aún, transcurren los foros de expertos donde se abren las cajas de herramientas que permiten clarificar el fracaso de algunos modelos y las promesas o éxitos de otros, mientras los candidatos quizá ni se enteran de los eventos. Tal cual acaba de suceder, por ejemplo, con el foro sobre drogas organizado por México Unido contra la Delincuencia, el CIDE y el Tecnológico de Monterrey, donde decenas de expertos del más alto nivel documentaron el desastre de la guerra contra las drogas y las alternativas para superarla.

La peor noticia posible para México es que la o el siguiente presidente de México no cuente con una nueva caja de herramientas para enfrentar la inseguridad, el crimen y la violencia. Que no sepa cómo hacerlo de otra manera. Que incluso crea que lo hecho dentro de nuestras fronteras es la mejor fuente de aprendizaje.

Todo lo contrario. La evidencia empírica disponible no podría ser más contundente. Estamos en medio de un verdadero desastre y el país demanda una revisión total del sector de la seguridad y de los fenómenos que el mismo debe atender.

Es necesaria una mirada especializada, innovadora, creativa y compleja. Los presidenciables deben “pensar fuera de la caja”; deben asumir que todo el diseño institucional ha de transformarse, salvo prueba en contrario; deben comenzar por modificar los formatos de comprensión del problema, convocando a núcleos multidisciplinarios de análisis que logren aprehender la complejidad y desde ella construir paradigmas de políticas públicas integrales.

Los presidenciables deben hablar con quienes “lo han logrado”, es decir, con quienes en cualquier lugar del mundo han liderado cambios institucionales y sociales democráticos hacia la construcción de comunidades seguras y libres de violencia.

La y los candidatos deben entender que no van a poder gobernar si no lideran la emergencia de una política de Estado que convenza y comprometa a gobiernos y sociedad. Deben asumir que, como ya vimos, no importa lo que el Ejecutivo federal quiera, si los gobiernos en los tres niveles no se coordinan sólo crecerá el problema.

Deben comprender que la verdadera vía para lograr el apoyo y la confianza social, sin los cuales nada se logrará, es la rendición de cuentas, la transparencia y el castigo ejemplar contra la corrupción. Al final del día la pregunta es muy sencilla: ¿qué puede ser más importante, urgente y crítico para un presidenciable que preparar un proyecto democrático, moderno y creíble para encabezar la recuperación de la seguridad en México?

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