Reforma policial, el tiempo se agota

Columna de Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, en El Universal, diciembre 13, 2010

Se agota el tiempo para la reforma policial civil y nos acercamos a un escenario aún no declarado, pero sin duda factible: el traslado hacia las Fuerzas Armadas del control formal sobre la policía en México. Me explico. En medio de una presión sin precedentes sobre la policía, el espacio para que ella trabaje en su propio cambio, en lugar de ampliarse, se reduce aún más. Hablo con operadores policiales, secretarios de seguridad pública y procuradores, y cruzan el país las evidencias de que la policía no cuenta con recursos y capacidades suficientes para evolucionar, en particular, para ganar la confianza de la gente. Y cuando la policía aporta a la desconfianza, ella misma multiplica la percepción masiva de inseguridad (hay estudios empíricos disponibles desde los 90 del siglo pasado, donde los habitantes del Distrito Federal asocian la inseguridad con la sensación de desprotección policial). Todo indica que el mexicano promedio se siente inseguro, pero además desprotegido por la policía. Me consta que por todo el país hay personas haciendo su mejor esfuerzo para mejorar a ésta, pero los datos son contundentes: la mayoría de las y los policías que son evaluados no son aptos para la función. Peor aún, fui informado de que muchos responsables políticos y operativos de la policía vienen resistiendo la aplicación de las pruebas de control de confianza, y parece que su principal preocupación radica en no saber qué hacer ante un escenario en el que, en efecto, se evalúe a todos los miembros de la policía, a la luz de los resultados hasta ahora vistos (sin olvidar los casos donde la oposición a las evaluaciones deriva de intereses criminales incrustados en la policía, incluyendo sus academias).

Las más recientes intervenciones en instituciones policiales a cargo de equipos de expertos externos, confirman que la policía está, en general, aún atrapada en lo que denomino la fase “prerregulatoria” de sus procesos de trabajo. No me refiero a las leyes, sino a la disposición de una plataforma que norme la gestión de los procesos (métodos, procedimientos, protocolos, formatos y demás instrumentos que son usados por las policías profesionales en todo el orbe); un caso típico y delicado cual más es el reporte sobre uso de la fuerza, instrumento esencial para administrar adecuadamente a la policía, y controlar la legalidad de los actos que más riesgo implican, reporte ausente en el mundo policial mexicano. La práctica real cotidiana de la policía está envuelta en un escenario crítico de debilidad institucional. Reitero que los esfuerzos reformistas pueden ser encontrados, pero no hay plataformas de información pública que nos permitan reconocer instituciones policiales reformadas y capaces de convencer al público de lo mismo. Para colmo, cuando se asoma la mejora policial, tampoco se construye la comunicación necesaria para así demostrarlo.

Mi hipótesis de trabajo es que esta crisis ya construyó un saldo acumulado que traza una relación inversa entre las expectativas sobre la reforma policial civil, que se desmoronan encaminándose a cero, y las expectativas sobre la militarización plena de la policía, las cuales, justo al revés, toman fuerza entre los ciudadanos y el sector público. La hipótesis se soporta en las reacciones que encuentro en el periplo regular que hago por el país, opiniones consistentes y crecientes en el sentido descrito. El presidente Calderón se aproxima al término de su mandato en posición lejana de conseguir lo que se propuso en la agenda de la seguridad, a pesar de haberla puesto en el centro de su gobierno. Y si bien se pierde en la historia la oferta de la profesionalización policial sin los resultados prometidos, lo nuevo es el estado político y social derivado de la inseguridad, la delincuencia y la violencia (por cierto, se prepara la publicación de nuevos datos que confirman el crecimiento del homicidio a un ritmo sin precedentes). Tal vez, quienes buscan la Presidencia en el 2012 ya se dieron cuenta que, si llegan al cargo, nadie les va a creer cuando vuelvan a ofrecer seguridad con estas instituciones policiales. ¿Qué harán entonces? Quizá encuentren que la confianza mayoritaria hacia las Fuerzas Armadas se ha traducido en una transferencia de expectativas como la que expliqué. Veremos entonces si, en efecto, se acabó el tiempo para la reforma policial civil. Al tiempo.

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