Reforma policial y Plan Nacional de Desarrollo

El día de ayer tuve la oportunidad de compartir algunas reflexiones y recomendaciones en torno a la reforma de la policía en el Foro Nacional: Eje 1 “México en Paz”, que organiza el gobierno federal como parte del proceso de consultas del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018. Aprovecho este espacio para retomarlas:

Actualmente, en México se desarrolla un esfuerzo sin precedentes para mejorar a las instituciones policiales. Los resultados, sin embargo, no son los deseados. En buena parte del país subsiste una crisis institucional de la policía de proporciones mayúsculas, evidenciada por la indiscutible fractura que se observa en su relación con la sociedad. Estudios de opinión en nuestro país sitúan a la policía dentro de un grupo de actores con calificaciones abajo de seis, con menos de 10% de ciudadanos mostrando ‘mucha confianza’ y más de 30% declarando ‘poca o nada confianza’. No obstante, la desconfianza viaja en ambos sentidos. De acuerdo con la experiencia del Instituto para la Seguridad y la Democracia, ésta transita también desde la policía hacia las comunidades. Los policías se sienten tan alejados de los ciudadanos como los segundos de los primeros. Bajo tal situación, la reconciliación no llegará ni tarde y mucho menos temprano, particularmente si las partes no realizan una severa autocrítica y subsanan sus propios errores, desviaciones y vacíos: deben modificar sus fondos y no sólo sus formas.

México es presa de un fenómeno común a nivel internacional; se trata de la confusión entre reorganización y reforma policial. La reorganización es el cambio normativo, orgánico y de procesos de trabajo que no necesariamente transforman la manera en que se hacen las cosas en la policía; la reforma es el cambio normativo, orgánico y de procesos que sí produce modificaciones en su forma de actuar. Típico ejemplo de la reorganización es incrementar el despliegue policial mediante modelos convencionales de patrullaje; un ejemplo de reforma policial es la puesta en marcha de modelos de policía de proximidad que reconstruyen la relación policía-comunidad, precisamente porque logran la recuperación de la confianza. Modifican el fondo y no sólo la forma.

Los estándares internacionales para la reforma policial democrática incluyen diversas maneras de acercar a la policía y la sociedad. Para el caso de México, las recomendaciones básicas son claras:

1) Avanzar hacia la reformulación conceptual, política y normativa que defina a la policía como un servicio ciudadano más que como una fuerza civil armada.

2. Aceptar que una policía que vigila bien sólo es aquella que es bien vigilada. Por ello, resulta necesario incorporar estándares internacionales de rendición de cuentas y transparencia policial bajo la observación de múltiples actores.

3. La apertura policial implica una transformación de paradigmas. La ventana de oportunidad política está abierta: el Pacto por México se postula por la policía de proximidad. Lo que no tenemos aún es el consenso político amplio y las capacidades técnicas suficientes para diseñar e implementar la reforma encaminada hacia tal esquema. El Sistema Nacional de Seguridad Pública debe liderar el esfuerzo de construcción de acuerdos políticos y desarrollo de capacidades para tal efecto. La aprobación de la reforma que crea la figura de consejeros ciudadanos en el Consejo Nacional de Seguridad Pública, atorada en la Cámara de Diputados, abonaría a ello.

4) La Policía Federal debe ser ejemplo de rendición de cuentas y transparencia en México. En ocasiones ha sido lo contrario. Este ejemplo debe darse en dos vías: el rediseño de su modelo disciplinario para hacerlo profesional e imparcial, y el impulso a la creación del auditor especial policial que espera aprobación en el Senado. La tesis es simple y profunda al mismo tiempo, la mejor policía es la más cercana al ciudadano y no habrá cercanía mientras la rendición de cuentas y la transparencia no sean parte esencial de la reforma policial en México.

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