«Seguridad, el tiempo se agota»

Columna de Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, en El Universal, abril 27, 2011

Se multiplican las alertas dentro y fuera de México por la crisis de inseguridad en este país. No se ven los resultados exitosos o prometedores derivados de las medidas aplicadas hasta hoy. Y si bien avanza la articulación del descontento, el debate para construir alternativas evoluciona muy lentamente. El problema avanza rápido; los consensos en torno a la manera de enfrentarlo, no. Por su parte, con desarrollos desiguales, otros lugares de América Latina ven multiplicarse la exploración de nuevos modelos democráticos de seguridad ciudadana, con resultados crecientes. Por caso, mírese con detenimiento la fascinante reforma integral en gestación en Río de Janeiro —los datos duros disponibles ya son contundentes. Parte del problema de México se explica precisamente en su desconexión con respecto a la que se conoce en el mundo como la reforma en el sector de la seguridad. Todos los operadores clave de la seguridad pública en nuestro país deberían estar mirando regularmente lo que funciona y lo que no en otras cercanas latitudes. Tristemente, no logramos dar saltos cualitativos hacia tal fin.

Cercados por nuestras propias limitaciones, nos encerramos en un debate estéril y absurdo que plantea dos posiciones: a favor o en contra de la estrategia del presidente Calderón. No, ése no es el debate, o al menos no debería serlo. El debate debe radicar en cómo multiplicamos la experimentación hacia la construcción de reformas integrales del sector de la seguridad. Con los recursos que México tiene podríamos sin duda alguna invertir en el entrenamiento masivo de cuadros jóvenes que, desde diversas disciplinas, ofrezcan al país los nuevos modelos a implementar. Pero no, no se ven aún en el horizonte las decisiones en este camino; lejos de ello, el reducido núcleo de expertos reformistas, alojado por ejemplo en la Red de Especialistas en Seguridad, permanece en general marginado de las grandes decisiones.

No hay evidencia empírica disponible que muestre la acumulación de los resultados que la inmensa mayoría espera, demanda y merece. Tal es el punto de partida. Entonces lo que sigue es construir alternativas y experimentar, pero dichas alternativas deben partir de nuevas fórmulas. Por responsabilidad legal y política, y desde luego ética y democrática, toca a los líderes políticos encabezar la construcción de alternativas, precisamente porque las que hoy representan no funcionan y el ejercicio del poder público sólo se justifica en beneficio de la gobernabilidad democrática. En síntesis, hay o no seguridad con democracia para el gobernado, y si no la hay lo que corresponde es cambiar. Si fuera el caso de que al paso del tiempo nuestros líderes políticos no optan por la vía del cambio, lo que sigue es un país desbarrancado en la violencia sin fin.

Creo en el cambio pacífico y en la reforma del Estado, no por ingenuo, sino porque mis viajes por el mundo me permiten verificarlo una y otra vez. Veo además que en México crece el número e influencia de los actores dispuestos al cambio. Afirmo sin la menor duda que el sector de la seguridad, en cualquier lugar, puede salir de las prácticas más autoritarias y de las condiciones institucionales más precarias, mediante procesos democráticos, ordenados y pacíficos. Las dificultades para así lograrlo son, en todo caso, descomunales, pero no existe impedimento fatal alguno. Lo que sí existe hoy día es la resistencia al cambio organizada en el sector de la seguridad, amparada a su vez en la misma resistencia en la llamada clase política. La resistencia viene de la falta de nuevos conocimientos, como de intereses ilegales. Se nos acaba el tiempo. Viejos y nuevos duros  asoman la cabeza y merecen aplausos y apoyo social; son los que siempre han estado ahí, más los que llegan cargando el fusil para enfrentar el fusil del otro. Son los duros que no saben y no quieren saber sobre lo que otros hacen para enfrentar violencia, incluso mayor a la nuestra, pero con políticas integrales. Ahí vamos, los duros ganan y los moderados pierden. El tiempo se agota.

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