Unificación policial: ¿reorganización o reforma?

Columna de Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, en El Universal, junio 8, 2010

El pasado jueves 3 de junio el Consejo Nacional de Seguridad Pública votó a favor de la creación de 32 policías estatales y de la desaparición de las dos mil municipales. ¿La idea es buena o mala? Depende. Ya sabemos que las condiciones generales de las instituciones policiales son críticas. Vaya sólo un dato que se explica en sí mismo: por falta de capacitación, 40% de las lesiones de los elementos policiales son autoinfligidas o causadas por sus compañeros en prácticas o durante operativos (Arellano Trejo, Efrén. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, febrero de 2010). Los motivos manifiestos de la unificación policial tienen que ver precisamente con la incapacidad del Estado para administrar la crisis de la policía y para transformarla, bajo un esquema de dispersión de recursos como el actual. El argumento es simple: para tener la policía que queremos necesitamos reducir el número de corporaciones y concentrar el mando en unas cuantas. Desde una lectura meramente administrativa, la idea convence: es más difícil controlar recursos dispersos, pero la administración policial y la seguridad ciudadana no son tan sencillas y nos tienen sorpresas. Veamos.

El problema capital de toda institución policial en el mundo democrático es equilibrar los poderes y los controles, para funcionar en beneficio del ciudadano y de sus derechos fundamentales. Cuando la policía no logra cumplir y hacer cumplir la ley en beneficio del ciudadano fracasa. El balance entre el poder y el control es la receta del éxito. La primera sorpresa es que en el mundo hay modelos fragmentados o unificados de policía donde tal balance se ha logrado razonablemente. El mayor ejemplo de modelo policial fragmentado es Estados Unidos, con aproximadamente 17 mil agencias policiales. Tienen problemas en el balance, como todos, pero los han ido resolviendo razonablemente. En las antípodas está Guatemala, con un modelo unificado de policía que se encuentra en condiciones extremas de debilidad institucional, violencia y corrupción. De Colombia y de España se dice que son modelos unificados, cuando en realidad se encuentran allá poderes policiales municipales. Francia presume la eficacia de contar con dos policías de cobertura nacional, que se apoyan y controlan de manera recíproca. En realidad, ningún modelo policial es el mejor por sí mismo, todo está en la calidad profesional de la función.

Creo que detrás de los problemas que México enfrenta por la dispersión policial están los problemas que enfrenta por la histórica falta de voluntad política para reformar a la policía. Si es el caso que la unificación policial votada muestra una nueva voluntad política por el cambio real, entonces lo primero que debemos convenir es que reorganizar y reformar a la policía son dos cosas muy distintas. Las policías estatales unificadas pueden quedarse en los vicios que ahora tienen, sumando las desviaciones de las municipales, pero ahora bajo un solo mando. Pasaríamos a tener poderosos secretarios de seguridad pública estatales con débiles mecanismos de rendición de cuentas, incluyendo los que deberían vincularlos al Ministerio Público.

Nuevas atribuciones, uniformes, unidades de intervención, patrullas, academias, tecnología, armamento, etcétera, todo eso es un buen camino si y sólo si las prácticas de las y los policías cambian en la calle, lo cual nos refiere al ojo del huracán: garantizar la supervisión operativa. Toda reforma policial en el mundo democrático se hace tomando en cuenta la experiencia mundial. México no puede hacer algo distinto. Los poderes Ejecutivo y Legislativo deben crear una comisión política y técnica que responda con seriedad a lo siguiente: ¿qué hacemos con la policía estatal para garantizar una asimilación adecuada de las policías municipales?, ¿qué hacemos con el municipio para no dejarlo inerme en materia policial? y ¿cómo cumplimos al mismo tiempo la recomendación mundial de fortalecer a las autoridades locales en la agenda de la seguridad? La reorganización es fácil, la reforma no.

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