Violencia y medios

Columna de Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, en El Universal, agosto 3, 2010

Hace seis años el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) puso en marcha el proyecto denominado Violencia y Medios. La iniciativa ideó una mirada innovadora hacia la construcción de noticias en torno a la violencia, conjuntando el saber y la experiencia de periodistas profesionales, con el de especialistas en la reforma democrática de las políticas y los cuerpos de seguridad. El resultado fue un planteamiento teórico y metodológico que propone a los periodistas y a los medios de comunicación, cubrir la violencia en formatos que se perfeccionan desde un saber multidisciplinario y sobre la base de estándares de derechos humanos, profesionales y éticos, lo anterior representados en las mejores prácticas del periodismo en una democracia.

Las mesas de trabajo, los talleres, las conferencias, los grupos de enfoque, las entrevistas a profundidad y el intercambio regular en redes virtuales, están haciendo posible avanzar en la disección de las rutinas mediante las cuales los periodistas y los medios construyen las noticias en torno a la violencia en México. Esta reconstrucción de las prácticas ha sido posible, principalmente, a partir de la voz de quienes las tejen día a día. La hipótesis de trabajo con la que arrancamos, misma que funciona como herramienta que permite a los periodistas y a los medios problematizar sus rutinas, es que ellos participan en la construcción y en la deconstrucción de un escenario social seguro. La hipótesis es introducida en una plataforma de capacitación que los lleva a la confrontación de su propia experiencia, echando mano, por un lado, de la experiencia histórica nacional e internacional y, por el otro, de los estándares regulatorios más avanzados del quehacer periodístico en democracia.

El fundamento mismo del proyecto Violencia y Medios es que, en una democracia, el contexto regulatorio del periodismo comienza en el respeto y la promoción de los derechos humanos, tal como sucede con cualquier otra función de interés público. Es decir, la construcción de noticias en torno a la violencia pasa por un primer filtro de racionalidad que le impone un límite preciso; ése es el contexto regulatorio que podemos llamar “externo” al periodismo. El segundo contexto es “interno” y es auto regulatorio. Consiste en las reglas que los periodistas y los medios construyen para garantizar que sus prácticas funcionen en el marco de estándares también de derechos humanos, y además profesionales y éticos. En consecuencia, el supuesto central es que el primer contexto regulatorio contiene al segundo, de manera que uno y otro deben evitar las antinomias.

Este cinturón normativo se desdobla, a su vez, en dos planos, uno de impacto que “externo” al ejercicio periodístico y otro “interno” al mismo, ambos vinculados de manera intrínseca. El primero tiene que ver con la construcción de estándares profesionales y éticos que protegen los derechos humanos de terceros, derivado de la construcción de noticias sobre violencia, mientras que el segundo trata sobre los estándares profesionales y éticos que protegen los derechos humanos de los periodistas mismos. Desde esta concepción, el proyecto viene detonando profundos ejercicios de auto observación, de manera que periodistas y medios adquieren herramientas teóricas y metodológicas para medir tanto el impacto de su función hacia el exterior, como las condiciones en las que trabajan, en ambos casos en clave de derechos humanos. El trayecto del proyecto ha permitido averiguar que el resultado de medir lo anterior arroja resultados deficitarios severos. La crisis de violencia que se expande en el país viene interpelando la capacidad de todos, gobierno y sociedad, para interpretarla adecuadamente y así enfrentarla. En la experiencia del instituto, los medios y los periodistas en general, sólo de manera tímida y aislada han aceptado apropiarse de una agenda de auto observación, autocrítica y adaptación al cambio. El resultado es que enfrentan con viejas prácticas un entorno social que ya cambió. Por esa vía, construyen riesgos y daños hacia afuera y adentro de los propios medios que muchas veces ni siquiera alcanzan a ver. La evidencia no deja lugar a dudas, el periodismo en materia de violencia debe revisarse a profundidad.

TwitterFacebookEmail