¿Y dónde está el modelo policial federal?

Es difícil discutir en torno a algo que uno no tiene claro, pero el gobierno federal no me deja alternativa. La propuesta de creación de la Gendarmería no está fundada hasta la fecha en documento oficial alguno; supimos de ella porque en la contienda electoral el entonces candidato Peña Nieto firmó un artículo de prensa donde la propuso; luego por declaraciones de funcionarios ya en este sexenio. Raro, por decir lo menos. El mismo Presidente que cuida hasta los detalles en la comunicación por ejemplo sobre economía, desarrollo social y educación, deja correr la confusión en torno a la Gendarmería y con ello crea el terreno para la crítica. En algún momento pensé que se trataba de una estrategia de comunicación intencionalmente desarticulada y errática, destinada a medir la reacción social. Pero luego de que el pasado 8 de mayo en un foro público, sentado justo a mi lado, el inspector general de la Comisión Nacional de Seguridad Pública declarara que podríamos ver marchar el 16 de septiembre a los miembros de la Gendarmería, entendí que el proyecto efectivamente avanza. “Ojalá no”, fue mi reacción.

No puedo asegurar que la Gendarmería sea una ocurrencia, pero llevo cuatro administraciones federales comprobando que el gobierno federal hace y deshace en materia policial. Se dejó que la Policía Judicial Federal fuera secuestrada por la delincuencia organizada; se montó una Policía Federal Preventiva que jamás pasó de ser un disfraz de militares con licencia; se dejó que la Agencia Federal de Investigación colapsara tantito después de que Fox dijera que era uno de sus mejores legados; al final se montó una Policía Federal cuyo poder sin control creció en tal magnitud, que terminó por aplastar a la Procuraduría General de la República, dando así al traste con la persecución del delito federal. Ya tuvimos instituciones policiales federales sin recursos suficientes y con recursos ilimitados; con y sin programas de formación; con y sin evaluaciones de control de confianza; con y sin tecnología superior de vigilancia; con y sin atribuciones directas de investigación; con y sin espectáculo político y mediático. Ya fuimos y venimos. Ahora lo menos que debemos preguntar es qué sigue.

A veces me parece que el mejor alumno del ex presidente Calderón es el presidente Peña Nieto. Éste viene mostrando un agudo aprendizaje justamente para no repetir mucho de lo antes hecho. Por eso confunde y preocupa la errática, incoherente, ambigua y difusa idea de la Gendarmería, misma que se sale de “la norma” comunicativa. Acaso, en el fondo, podríamos estar ante un síntoma de la ausencia de un modelo policial federal de futuro; es decir, de una representación clara de la policía federal que se quiere y un plan de implementación que trace la ruta que permitirá hacerla realidad. Un modelo policial que lidie con el trabajo de mejora a todos los niveles, comenzando por el Ethos institucional y terminando en el amplio ramillete de las más precisas y avanzadas reglas policiales operativas. La Gendarmería también podría ser síntoma de una discusión no saldada en este gobierno, como no la estuvo en el anterior, respecto a la identidad civil o militar del quehacer policial federal, lo cual en realidad sería otra expresión de la referida ausencia del modelo. En declaraciones de prensa, el Comisionado Nacional de Seguridad Pública, Manuel Mondragón y Kalb, ha intercalado los conceptos “formación castrense” y “policia de proximidad”.

Gracias a Alejandro Espriú, investigador de Insyde, volví a leer los principios de Sir Robert Peel de 1829. Pronto cumplirá dos siglos el saber según el cual la piedra angular de la policía en democracia es la confianza social. Si el gobierno de Enrique Peña Nieto colocara este principio en el centro del modelo de policía federal, el puerto de llegada y el camino para llegar a él serían clarificados. Escandaliza pensar en la posibilidad de un sexenio más de hacer y deshacer.

 

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